Frecuentemente me lo preguntan, en voz baja, y casi siempre después de meses de darle vueltas.
La pregunta suele traer una trampa: pensar que hay que estar «suficientemente mal» para merecer Psicoterapia.
Como si la terapia fuera la emergencia del hospital y uno tuviera que llegar sangrando para que lo atiendan.
No funciona así. Tampoco te voy a decir que todo el mundo necesita terapia, porque no es cierto. Hay épocas difíciles que se atraviesan con la gente que uno quiere, con tiempo y con lo que ya sabes hacer.
Entonces, ¿cómo saber? Te propongo mirar menos la intensidad del malestar y más lo que ese malestar está haciendo con tu vida.
Preguntas más útiles que «¿qué tan mal estoy?»
¿Lo que haces para sentirte mejor te está costando cosas que te importan? Además, evitar la reunión calma la ansiedad esa tarde. Un año repetido te deja con menos amigos, menos oportunidades y más ansiedad. Entonces, cuando el alivio de corto plazo empieza a cobrar intereses, vale la pena acompañarlo con Psicoterapia.
¿Se repite? Una mala semana es una mala semana. La misma discusión con tu pareja por tercer año, el mismo trabajo que dejas a los ocho meses, la misma manera de terminar sintiéndote solo en cada grupo. Eso ya es un patrón, y los patrones rara vez se desarman a pura fuerza de voluntad.
¿Ya probaste lo obvio? Dormir mejor, hablar con alguien de confianza, bajar el ritmo. Si lo hiciste de verdad y el asunto sigue igual, probablemente algo lo está sosteniendo y desde adentro no se alcanza a ver.
tu mundo se está achicando? Salir menos, hacer menos, querer menos. A veces el sufrimiento no grita. Se nota en todo lo que dejaste de hacer sin darte cuenta.
Cuándo no hay que esperar
Si estás pensando en hacerte daño, o en que sería mejor no estar, no esperes a tener claro si «necesitas» terapia. Habla hoy con alguien de confianza y, si hay peligro inmediato, llama al 911 o acude a la emergencia del hospital más cercano.
Qué esperar si decides ir
La primera sesión no es para contar tu vida entera ni para salir con un diagnóstico. En EJE la usamos para entender cómo funciona lo que te pasa. Además, descubrimos qué lo dispara, qué haces después, qué te alivia un rato y qué te cobra más tarde. Con eso armamos un mapa. Y ese mapa lo construimos contigo.
Medimos el avance en cada sesión, así que si algo no se mueve lo vamos a ver los dos, con datos y no solo con impresiones. Ir a terapia tampoco te convierte en paciente para siempre. Muchas veces es un tramo corto, con un objetivo claro, para destrabar algo puntual.
Y si después de leer esto sigues dudando, esa duda también se puede conversar. Para eso sirve una primera sesión.